El informe anual Festivus del senador Rand Paul –una “expresación de quejas” contra el gasto gubernamental ridículamente despilfarrador– revela una situación impresionante. 1,63 billones de dólares El dinero de los contribuyentes se quemó durante el último ejercicio financiero.
Esto incluye la asombrosa cantidad de 1,22 billones de dólares sólo para cubrir interés sobre la deuda nacional. (Considere que una pila de billetes de 1,22 billones de dólares alcanzaría casi 83.000 millas de altura, o aproximadamente un tercio del camino a la Luna).
Se ha gastado una asombrosa cantidad de dinero en una serie interminable de proyectos absolutamente locos:
- 14,6 millones de dólares para monos que juegan un videojuego al estilo Plinko.
- 40 millones de dólares para personas influyentes que instan a los grupos minoritarios a vacunarse contra el COVID, años después de que terminara la pandemia.
- 2,1 millones de dólares para investigaciones sobre el uso de drogas en los clubes de baile de Nueva York.
- 1,5 millones de dólares para campañas de “Terapia TikTok”.
- Casi 2,5 millones de dólares para la Fundación Nacional de Ciencias para promover los insectos como “alimento para los humanos”.
- 5,2 millones de dólares para cachorros adictos a la cocaína y 1 millón de dólares para emborrachar a hurones.
Igual de locos son los proyectos en el extranjero que desperdician el dinero de los contribuyentes estadounidenses:
- $2 millones para “cuidados que afirman el género”, activismo y campañas de influencia en Guatemala.
- 1,7 millones de dólares para enviar películas y cineastas estadounidenses al extranjero para su proyección.
Claramente, el Departamento de Efectividad Gubernamental de Elon Musk estaba en el camino correcto al tratar de frenar todo este despilfarro.
Los estadounidenses pueden preguntarse si, por ejemplo, los subsidios a la vivienda o la inversión en una nueva arma de defensa son un buen uso del dinero de los contribuyentes estadounidenses.
Pero muchos de los proyectos que Paul señala son incuestionablemente inapropiados para el gasto público, especialmente cuando la deuda nacional ha excedido los límites. 38 billones de dólares.
Felicitaciones al senador Paul por denunciar tales obscenidades todos los años. La única pregunta es por qué –después de tanta revelación y burla– estos gastos no son FIN?



