“T“elequinesis”, responde Dominic Dähncke cuando se le pregunta cómo se sostiene esta escoba errante. Esta foto la tomó en el tejado de su casa en El Médano, Tenerife, una terraza comunitaria llena de lavaderos y artículos de limpieza. Era 2021, en medio del encierro por Covid, así que caminaba en círculos sobre el techo de su edificio, disfrutando del aire fresco.
“Para ser honesto, había un clavo en la pared, pero no lo puse allí”, admite. Una mañana, distraídamente presionó la escoba contra el clavo y notó que éste permanecía en un ángulo de 45 grados. Regresó al techo durante varios días, esperando que la sombra del pequeño techo de arriba coincidiera, luego capturó el momento con su teléfono.
“Alguien nos vendió la idea de que si te gusta la fotografía callejera, por ejemplo, deberías viajar a Nueva York, Londres o París”, dice Dähncke. “Ahora, obviamente, si te gusta fotografiar jirafas y vives en Tokio, estás jodido. Pero creo que hay un punto medio en el que a menudo nos perdemos, y la foto que queremos tomar está más cerca de lo que pensamos, a menudo a la vuelta de la esquina. Es nuestra responsabilidad cultivar una mirada curiosa como la de un niño, la maravilla de un turista que visita nuestra ciudad o pueblo”.
“Durante este tiempo aprendí a valorar las pequeñas cosas, como el espacio y el aire en mi tejado. Después de la pandemia tiendo a olvidar que no necesito mucho”, añade Dähncke. “Esta foto me recuerda eso”.



