La ley impone una obligación legal a las empresas alemanas de abordar las violaciones de derechos humanos y ciertos daños ambientales relacionados con sus operaciones comerciales y cadenas de suministro.
Desde su introducción, la ley ha tenido consecuencias visibles. Los ejemplos incluyen a los camioneros alemanes que exigen salarios, los sindicatos turcos que utilizan la ley para hacer cumplir la libertad de asociación y las empresas alemanas que responden a los impactos ambientales de la extracción de materias primas en África Occidental.
Estos casos ilustran que la LkSG es utilizada por empleados y defensores de los derechos humanos, y también insta a las empresas a revisar sus modelos de negocio en busca de riesgos para los derechos humanos.
A pesar de estos avances, los expertos señalan que muchos de los impactos de la ley no son visibles de inmediato para el público, y la mayoría de los cambios ocurren dentro de los procesos internos de la empresa o en etapas anteriores de la cadena de suministro.
Una reciente revisión de la literatura realizada por el Instituto Alemán de Derechos Humanos encontró una falta de investigación científica sobre estos hallazgos, atribuyéndolo a la naturaleza gradual del cambio previsto por la legislación.
Actualmente se está debatiendo la eficacia de la ley, particularmente a la luz de las recientes enmiendas a la Directiva de la UE sobre diligencia debida sostenible en las empresas (CSDDD), que han limitado su alcance y sus medidas de aplicación.
Algunas asociaciones profesionales han presionado para reducir los requisitos regulatorios a nivel europeo y nacional.
Los críticos argumentan que la LkSG impone requisitos excesivos de presentación de informes y una carga de trabajo administrativa sin tener en cuenta las realidades empresariales prácticas. Sin embargo, la evidencia de organizaciones de la sociedad civil y empresas sugiere lo contrario.
La aplicación de la ley sigue siendo una cuestión clave. En Alemania, la Oficina Federal de Asuntos Económicos y Control de Exportaciones (BAFA) garantiza el cumplimiento de la ley, pero está sujeta a directivas de los ministerios pertinentes, lo que plantea dudas sobre su independencia política.
Las restricciones impuestas por estos ministerios pueden obstaculizar la capacidad operativa de BAFA. Además, existen lagunas en la forma en que se tramitan las quejas y notificaciones de terceros, particularmente en lo que respecta a la transparencia y la participación de los denunciantes.
Si Alemania redujera el número de empresas cubiertas por la LkSG de acuerdo con los recientes desarrollos regulatorios de la UE, muchas entidades podrían quedar inmediatamente exentas de las obligaciones de diligencia debida. Esto tendría implicaciones directas para las partes interesadas en sus cadenas de suministro.



