Consideremos el extraño viaje de Julie Su, teniente de alcalde de Nueva York para la “justicia económica” durante el gobierno de Zohran Mamdani y ex Secretaria de Trabajo de California.
Su supervisó el Departamento de Desarrollo del Empleo de California (es decir, el departamento de desempleo del estado) durante la pandemia de coronavirus, cuando los estafadores robaron decenas de miles de millones de dólares.
A principios de esta semana, como señaló el California Post, el Departamento de Trabajo de Estados Unidos inició una investigación especial sobre el fraude que, como admitió el propio EDD, implicó el pago de al menos 20 mil millones de dólares a estafadores criminales.
La investigación federal es sólo una de varias que se centrarán en el fraude en California, que se cree que está muy extendido.
Los líderes estatales, desde Gavin Newsom en adelante, han mostrado poco interés en detenerlo y, de hecho, han legalizado varios comportamientos que podrían ser reconocidos como corruptos en cualquier otra jurisdicción.
La práctica de los “pagos ordenados”, por ejemplo, permite a los políticos decirles a los donantes que contribuyan con su riqueza a organizaciones benéficas que ellos mismos han creado. La propia esposa de Newsom, la “primera socia” Jennifer Siebel Newsom, dirige una organización sin fines de lucro que recibió dichos fondos.
En el estado unipartidista de California, dominado por los demócratas, estos pagos se consideran el costo de hacer negocios. Se aprueban leyes –o se toman decisiones ejecutivas– que canalizan dinero hacia grupos favorecidos, quienes luego ayudan a reelegir a los demócratas, quienes mantienen el ciclo en marcha.

Y cuando ocurre un fraude, aquellos que no logran detenerlo no son considerados responsables, sino que en realidad son ascendidos.
Julie Su no abandonó el servicio público después de que le robaran decenas de miles de millones de dólares de su ministerio. En cambio, se convirtió en secretaria de Trabajo interina durante la presidencia de Joe Biden.
De allí, se dirigió a la administración Mamdani, donde la “justicia económica” aparentemente exige un aumento de los impuestos a la propiedad de los trabajadores de Nueva York, así como un aumento de los alquileres y el costo de vida.
Lo que Su sabe –y lo que los demócratas han demostrado, desde la California de Newsom hasta el Washington de Biden y la Nueva York de Mamdani– es que no hay castigo para el fraude en la izquierda.
Por eso es necesaria la intervención federal. Pero cuando la verdad sobre el fraude en este estado salga a la luz y se conozcan los hechos, dependerá de los californianos asegurarse de que la podredumbre nunca regrese.



