Su informe sobre la caída del 93% en el número de enfermeras extranjeras (la caída de trabajadores extranjeros es un “accidente automovilístico” para los hospitales y residencias de ancianos del Reino Unido, dicen los expertos, 26 de febrero) muestra cuán dependiente se ha vuelto el Reino Unido de la contratación internacional. Cuando los cambios en la política de visas pueden desencadenar advertencias de un “accidente automovilístico inminente”, demuestra un modelo de fuerza laboral basado en la fragilidad, no en la resiliencia.
Durante años, el Reino Unido –al igual que otros países de altos ingresos– ha dependido de enfermeras formadas en el extranjero para cubrir la escasez interna. Esto puede haber aliviado las presiones inmediatas, pero enmascaró una inversión insuficiente crónica en capacitación, compensación y retención. Fortalecer la migración sin lograr primero la autosuficiencia sólo revela este fracaso.
Pero también hay una dimensión global. Muchos de los países en los que el Reino Unido contrata tienen muchas menos enfermeras per cápita y no pueden permitirse el lujo de perder personal experimentado. Como nos dicen las enfermeras una y otra vez, una política de fuerza laboral sostenible debe funcionar para ambas partes.
El Reino Unido tiene ahora la oportunidad de tomar la iniciativa y comprometerse con una verdadera autosuficiencia nacional mientras trabaja con otros importantes países reclutadores para establecer un mecanismo de coinversión –potencialmente un fondo global de formación de enfermeras– para que los países que se benefician del reclutamiento internacional también reinviertan en aquellos entre quienes contratan.
La migración no debería ser un simple grifo de apertura y cierre. Debe ser ético, planificado y mutuamente beneficioso.
Howard Catton
Directora Ejecutiva, Consejo Internacional de Enfermeras



