El aspecto más preocupante de su informe (El calentamiento crónico de los océanos provoca una “asombrosa” pérdida de vida marina, según un estudio del 25 de febrero) no es sólo la escala del declive marino, sino también la facilidad con la que puede malinterpretarse. Si las olas de calor marinas de corto plazo crean ganancias temporales en áreas más frías, las instituciones podrían confundir las mejoras locales con una recuperación más amplia mientras el sistema general continúa debilitándose.
Esta no es una preocupación ambiental abstracta. Las poblaciones de peces están directamente relacionadas con la seguridad alimentaria, los medios de vida costeros y la estabilidad de los ecosistemas. Dado que el calentamiento a largo plazo de los océanos reduce constantemente la biomasa, esto debería tratarse tanto como una cuestión de responsabilidad política y pública como científica.
La política climática y la política pesquera ya no pueden gestionarse por separado. Los gobiernos no deberían considerar los rebotes aislados como prueba de éxito e ignorar la tendencia de calentamiento acumulativo que los subyace. Un aumento temporal no es una recuperación. En algunos casos, esto puede enmascarar un colapso más profundo.
El artículo señala acertadamente que la sobrepesca sigue siendo un factor importante de pérdidas. Precisamente por eso este momento exige honestidad. No se trata de elegir entre la sobrepesca y el cambio climático. Estas dos presiones ahora se refuerzan mutuamente y deben abordarse juntas.
Si la gobernanza de los océanos sigue dependiendo de plazos políticos cortos y de una lectura selectiva de los datos, la respuesta seguirá siendo demasiado lenta. Los océanos necesitan precaución, no complacencia.
Saad Kassis-Mohamed
Presidente, Fundación WeCare



