“Cada maquillador tiene su propio estilo, pero era realmente importante mantener lo que se transmitió”, dice Naomi Hibino, la maquilladora kabuki detrás de “Kokuho” del director Sang-il Lee, una historia convincente sobre una tradición teatral japonesa centenaria contada a través del lente de la amistad, la rivalidad y el precio de luchar por la perfección. El huérfano Kikuo (Ryô Yoshizawa) es acogido por un famoso actor de kabuki (Ken Watanabe) y criado junto a su hijo Shunsuke (Ryûsei Yokohama), mientras ambos dedican sus vidas a dominar el arte estilizado. Su avance llega con una actuación de Temple Maiden, una danza que representa el amor y el deseo de dos jóvenes que se transforman en serpientes. Trabajando con el estilista kabuki Tadashi Nishimatsu (Kyoko Toyokawa hizo el peinado y el maquillaje de la película), Hibino combinó referencias fieles a la era Edo con distinciones visuales entre personajes. “Shunsuke proviene de una familia adinerada, así que quería que pareciera vibrante, joven y también lindo”, señala Hibino. “La forma en que imaginé a Kikuo era mantener las cosas simples, por lo que la simplicidad se refleja en el maquillaje. (En Temple Maiden), es muy sutil, pero el borde del ojo es un poco diferente. Le di (a Kikuo) una mirada más hacia abajo”. Hibino aplicó la base blanca (oshiroi) usando métodos del teatro, refinándola para que la película pareciera más “hermosa y delicada”. Toques de sombra de ojos rosa, delineador de ojos oscuro, cejas pigmentadas de rojo y lápiz labial carmesí completan la transformación: el próximo “tesoro nacional” ha entrado en escena.



