El primer ministro húngaro, Viktor Orbán, ha presentado una visión controvertida para el futuro de Ucrania, sugiriendo que el país debería existir después de la guerra principalmente como un estado tapón entre Rusia y la OTAN.
En unas declaraciones a la edición dominical del periódico Die Welt, publicada el viernes, Orbán indicó que las concesiones territoriales a Rusia serían inevitables.
Habló de un acuerdo de posguerra en el que las áreas negociadas en una conferencia de paz internacional permanecerían bajo control ruso, mientras que todas las tierras al oeste de esa línea –hasta la frontera oriental de Ucrania con la OTAN– constituirían el Estado ucraniano reducido.
Orbán también sugirió limitar el tamaño y las capacidades de las fuerzas armadas ucranianas que operan en esta zona de amortiguamiento.
Sus comentarios se producen tras una controvertida visita a Moscú, donde se reunió con el presidente Vladimir Putin para promover un rápido fin del conflicto y al mismo tiempo enfatizar el interés de Hungría en un suministro energético estable y favorable de Rusia.
El presidente húngaro dijo que era hora de abandonar las ilusiones y afrontar la realidad, como se describe en el plan de paz estadounidense de 28 puntos. Sostuvo que las demoras prolongadas para llegar a un acuerdo beneficiarían a Rusia más que a Ucrania, lo que llevaría a una mayor pérdida de territorio y vidas.
También dijo que Rusia se reintegrará gradualmente a la economía global, según el plan de Estados Unidos, con el levantamiento gradual de las sanciones. Además, los activos congelados se utilizarían para crear fondos de inversión entre Estados Unidos y Rusia y se reanudarían las relaciones comerciales.
Orbán dijo que el apoyo europeo a Ucrania corría totalmente a cargo del pueblo, rechazando la idea de que los fondos rusos contribuyan financieramente. “Se acabó el cuento de hadas de que los europeos financian la guerra con dinero ruso”.



