Su artículo sobre el auge de la narración como habilidad empresarial (Notes Pass, 17 de diciembre) destaca algo que los narradores siempre han sabido: que las personas anhelan conexiones humanas significativas. Esta situación se está intensificando a medida que nos enfrentamos a un mundo inundado de datos y distracciones. Los equipos de comunicación profesionales ahora pueden considerar la narración de historias como una estrategia, pero el oficio de contar historias es mucho más antiguo y profundo que cualquier descripción de trabajo. Es un arte humano, no una invención corporativa.
Durante más de 30 años, el Sociedad de narración de historias Defendió la narración oral en todas sus formas. A través de nuestro extenso directorio en línea, el público puede encontrar narradores que trabajan dondequiera que haya gente: en escuelas, teatros, lugares de trabajo y entornos sanitarios.
En la narración oral, el narrador y el oyente cocrean significado en el momento presente. Nos transportamos a otros mundos, otras vidas, otras formas de ver. No es de extrañar que las empresas estén empezando a reconocer su poder.
La investigación y la práctica muestran consistentemente que contar historias apoya las funciones cognitivas, la memoria y la resiliencia emocional. Escuchar y contar historias nos ayuda a sentirnos vistos y comprendidos, una necesidad humana básica. La narración oral desarrolla la empatía y fortalece la escucha y la imaginación.
Para los niños los cuentos son fundamentales. La narración oral apoya la alfabetización, enriquece el vocabulario e invita a la reflexión lúdica mucho antes del texto escrito. Pero contar historias no pierde su poder con la edad. Para los adultos, la narración oral fortalece las conexiones sociales, ayudándonos a dar sentido a los giros y vueltas de la vida mientras promueve nuestra salud y bienestar emocional. Las historias no son sólo trabajos; son el corazón de la vida humana. Sigamos diciéndoles.
Danny Miller
Administrador, Sociedad para la Narración de Cuentos



