El miedo a la desintegración está en el centro de su editorial sobre la nueva geografía política que emerge en Gran Bretaña (25 de diciembre). Este es un resultado político que debe tomarse en serio. A pesar de la retórica “británica” de la clase política y la profusión de banderas sindicales en carreteras y caminos, la continuación del Reino Unido en su forma actual no puede darse por sentada.
La historia del siglo XX nos muestra que cuando los regímenes políticos multinacionales colapsan, lo hacen rápidamente. Las condiciones cruciales para el colapso de los regímenes políticos plurinacionales son el debilitamiento de los partidos que favorecen la integración y la actitud de las élites políticas de la nación mayoritaria. El esperado debilitamiento del apoyo a los laboristas y conservadores en las elecciones de mayo de 2026 podría sugerir que el centro podría no resistir.
Por el momento, la actitud de las elites políticas de Inglaterra –políticos, funcionarios y líderes de opinión– parece seguir siendo muy favorable al proyecto probritánico. Pero como se ha señalado acertadamente, Reform UK sigue siendo en gran medida producto de la “ambigüedad histórica en la expresión del nacionalismo inglés”. Los conservadores, más derechistas que conservadores en estos días, también podrían verse tentados a trasladar sus registros de Gran Bretaña a Inglaterra.
El Brexit representó un momento en el que el nacionalismo inglés pasó de su modo habitual de apoyar la integración del régimen político en el que se encontraba Inglaterra (el imperio, el Reino Unido, la UE) a un modo desintegrador. Esta energía política se dirigió hacia la UE, con consecuencias históricas. Como la UE ya no es un objetivo disponible, el nacionalismo en Inglaterra está dominado por el nativismo británico.
Pero esta versión de lo británico puede no ser suficiente para revertir las tendencias de largo plazo que apuntan hacia la fragmentación y la desintegración. En estas condiciones, es hora de invertir a Inglaterra en un proyecto político progresista y no confiar en el nativismo xenófobo británico.
Ben Wellings
Profesor asociado de Política y Relaciones Internacionales, Universidad de Monash



