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El colapso de los Hermanos Musulmanes

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Una selección semanal de opiniones y análisis de medios árabes de todo el mundo.

El colapso de los Hermanos Musulmanes Akhbar el-Yom, Egipto, 13 de diciembre

Dado que varios de sus líderes huyeron al extranjero, los Hermanos Musulmanes parecen vivir en una burbuja aislada, alejada de la realidad. Sus mensajes en los medios y la actividad de sus comités en línea reflejan un claro estado de confusión arraigado en suposiciones falsas, mientras que sus células organizativas muestran signos de colapso tanto dentro como fuera del país.

Nadie cuestiona la magnitud de los desafíos económicos y sociales que enfrenta Egipto, pero los Hermanos Musulmanes insisten en difundir mentiras y rumores incendiarios en lugar de abordar estos desafíos como problemas que requieren soluciones realistas. La historia muestra que el caos que estos grupos buscan desatar sólo conduce a la devastación, y que las sociedades empujadas hacia lo desconocido rara vez salen ilesas.

El discurso de los Hermanos Musulmanes sigue preso del mismo estado mental conspirativo que ha impulsado a la organización desde su creación. Casi 15 años después de los acontecimientos de enero, el grupo no ha logrado comprender las profundas transformaciones que ha experimentado el Estado, ni reconocer que Egipto es un Estado firmemente arraigado, que no responde a informes fabricados ni a voces difundidas desde el exterior, y que extrae su resiliencia de instituciones establecidas y de profundos fundamentos históricos.

Esta es una realidad que el grupo nunca ha logrado captar, persistiendo en tratar con el Estado a través de la lógica estrecha de una organización en lugar de a través de responsabilidades de gobernanza.

El mayor error de la Hermandad fue creer que el poder podía ejercerse desde la Oficina de Orientación, el máximo órgano ejecutivo de la Hermandad, en lugar de hacerlo a través de instituciones estatales formales. Este error de cálculo marcó el comienzo de su colapso, seguido de una escalada de operaciones terroristas que finalmente resultaron contraproducentes, convirtiendo al grupo en un riesgo intelectual y de seguridad en el país y en el extranjero.

A medida que los ataques terroristas han aumentado, también ha aumentado la cohesión entre la población, el ejército y la policía, y la determinación del Estado de enfrentar decisivamente la violencia se ha vuelto inconfundible.

Los Hermanos Musulmanes no se detuvieron allí, sino que buscaron apoyo en el extranjero y adoptaron una narrativa que retrataba a Egipto como un país en crisis. La realidad, sin embargo, resultó mucho más sólida que la propaganda transmitida desde el exilio. Egipto ha consolidado su posición regional e internacional, ha construido una de las fuerzas militares más poderosas de la región y ha preservado la unidad de su territorio.

En contraste, las maniobras de la Hermandad en el extranjero difícilmente se parecieron a intentos desesperados por ganar prominencia, lo que llevó a una erosión constante de la simpatía internacional y llevó a muchos países a designarlos como organización terrorista.

Internamente, los acontecimientos de enero marcaron un punto de inflexión crítico, dando al grupo la oportunidad de gobernar pero revelando la fragilidad de su proyecto y la pobreza de su visión política.

Con la caída de las personalidades de su generación histórica de líderes y la desintegración de la cohesión interna bajo el peso de fallos judiciales y divisiones entre facciones, quedó claro que la organización había perdido su centro de gravedad y no le quedaba nada sustancial que ofrecer.

Mirando hacia atrás, enero puede verse como el principio y el fin de la Hermandad: el comienzo de un rápido ascenso y la conclusión de un colapso dramático, que puso fin a las ilusiones que habían persistido desde su creación. El grupo llegó al poder bajo la bandera de la predicación y salió bajo el estigma del terrorismo, llevando consigo las afirmaciones de “virtud” que había defendido durante mucho tiempo y que muchos habían aceptado al pie de la letra.

Hoy en día, el Estado egipcio sigue avanzando a pesar de los persistentes desafíos, mientras que los Hermanos Musulmanes siguen atrapados en la retórica del pasado, incapaces de leer una realidad que ya no reconoce su presencia.

Niñas desplazadas de El Fasher sentadas en el suelo con juguetes en las manos, en un campamento de desplazados internos en Al-Dabbah, Sudán, el 15 de noviembre de 2025. (Crédito: REUTERS/EL TAYEB SIDDIG)

El olvidado Sudán está al borde de la hambruna An-Nahar, Líbano, 13 de diciembre

Sudán está viviendo uno de los capítulos más oscuros de su historia moderna, mientras una guerra devastadora desgarra el país y remodela la vida cotidiana de su pueblo a través del miedo, el hambre y el desplazamiento masivo.

Según los últimos informes del Programa Mundial de Alimentos, alrededor de 21,2 millones de sudaneses sufren ahora de inseguridad alimentaria aguda, una cifra que refleja no sólo una falta de alimentos sino también un profundo colapso de los sistemas de salud, la protección social y las protecciones básicas. El país se dirige rápidamente hacia el abismo de una hambruna generalizada, mientras esperar ayuda se siente como luchar por respirar en medio de una tormenta implacable.

Aunque la ayuda llega a casi cuatro millones de personas cada mes, la brecha entre las crecientes necesidades y los recursos disponibles continúa ampliándose. El desafío ya no se limita al suministro de alimentos, sino a garantizar que las organizaciones humanitarias puedan llegar físicamente a quienes los necesitan en un paisaje fracturado por la violencia y la infraestructura destruida. Los expertos en ayuda advierten que Sudán se ha convertido en uno de los entornos más peligrosos y complejos del mundo para las operaciones humanitarias, donde cada misión conlleva riesgos extraordinarios.

En Darfur y Kordofán, los ataques aéreos con aviones y drones están obstaculizando el movimiento de los convoyes humanitarios, mientras que el cambio constante de control sobre ciudades y carreteras está empeorando significativamente los peligros sobre el terreno. A esta crisis se suma una grave brecha de financiación internacional, que limita la capacidad del Programa Mundial de Alimentos y sus socios para ampliar las redes de transporte, distribución y asistencia en efectivo, salvavidas para millones de personas desplazadas y familias empujadas más allá del agotamiento.

Los funcionarios de las Naciones Unidas advierten que el actual déficit de financiación pronto podría dejar a millones de civiles sin ayuda, reavivando el espectro de la hambruna en gran parte del país.

Sin embargo, la crisis alimentaria representa sólo una dimensión de una tragedia nacional más amplia. Los desplazamientos masivos se están acelerando a un ritmo alarmante y se teme que se produzcan oleadas aún mayores si los combates se extienden a zonas como las montañas Nuba.
Con más de 12 millones de personas desplazadas internas y externamente desde el inicio de la guerra, Sudán se encuentra ahora entre las mayores crisis humanitarias del mundo, un claro testimonio de la rápida erosión de su tejido social y su resiliencia colectiva. Sudán está ahora al borde del colapso total, pero el rescate sigue siendo posible si se puede movilizar la voluntad política.

Las crisis no ocurren por casualidad y lo que Sudán está experimentando es producto de decisiones humanas que aún pueden cambiarse. En un mundo ya agobiado por el desastre, la agonía de Sudán constituirá una prueba decisiva para determinar si la comunidad internacional puede defender la dignidad humana cuando la vida cotidiana misma se convierta en una lucha por la supervivencia.
-Abdel Moneim Suleiman

Traducido por Asaf Zilberfarb. Todas las declaraciones, opiniones, hechos e información presentada en estos artículos son responsabilidad exclusiva de sus respectivos autores y no son necesariamente los de The Media Line, que no asume ninguna responsabilidad por su contenido.

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Jeronimo Plata
Jerónimo Plata is a leading cultural expert with over 27 years of experience in journalism, cultural criticism, and artistic project management in Spain and Latin America. With a degree in Art History from the University of Salamanca, Jerónimo has worked in print, digital, and television media, covering everything from contemporary art exhibitions to international music, film, and theater festivals. Throughout his career, Jerónimo has specialized in cultural analysis, promoting emerging artists, and preserving artistic heritage. His approach combines deep academic knowledge with professional practice, allowing him to offer readers enriching, clear, and well-founded content. In addition to his work as a journalist, Jerónimo gives lectures and workshops on cultural criticism and artistic management, and has collaborated with museums and cultural organizations to develop educational and outreach programs. His commitment to quality, authenticity, and the promotion of culture makes him a trusted and respected reference in the cultural field. Phone: +34 622 456 789 Email: jeronimo.plata@sisepuede.es