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El equipo Trump pisotea la división Iglesia-Estado

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El edificio Frances Perkins en Washington, D.C., sirve como sede del Departamento de Trabajo de Estados Unidos. Sus dedicados empleados implementan y hacen cumplir las leyes laborales aprobadas por el Congreso. No es una iglesia, ni una sinagoga, y su misión no es servir o alabar a una deidad religiosa. Pero si pasó por el Auditorio César Chávez el 10 de diciembre, se le podría perdonar que piense lo contrario.

Ese día, la Secretaria de Trabajo, Lori Chávez-DeRemer, fue la anfitriona del servicio de oración inaugural del Departamento de Trabajo, al que todos los empleados habían sido invitados por correo electrónico desde el recientemente creado Centro para la Fe del departamento. Aunque fue anunciado como no confesional, en él sólo participaron oradores judeocristianos, incluido el secretario Chávez-DeRemer, además de un rabino ortodoxo. No hay imanes musulmanes, ni creyentes en el budismo, ni representantes de personas sin afiliación religiosa.

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