El presidente Donald Trump tomó una decisión tremenda al nominar a Kevin Warsh como próximo jefe de la Reserva Federal.
Nadie puede negar sus calificaciones: Warsh, profesor de la Universidad de Stanford y ex gobernador de la Reserva Federal, claramente conoce los entresijos y aporta profundos conocimientos y experiencia al puesto.
Y, sobre todo, trabajará bien con Trump. Y Sus críticos: Se puede contar con que Warsh, un halcón de la inflación, resistirá los movimientos monetarios que corren el riesgo de desencadenar la inflación, pero a diferencia del jefe saliente Jerome Powell, no está apegado a los modelos de la Reserva Federal que tratan el crecimiento económico como inflacionario, entre otras falacias.
En la junta directiva de la Reserva Federal de 2006 a 2011, Warsh rechazó los pedidos de tasas de interés más bajas durante y después de la Gran Recesión, advirtiendo repetidamente sobre riesgos inflacionarios.
En 2021, predijo correctamente que las monstruosas compras de bonos del Tesoro y valores respaldados por hipotecas por parte de la Reserva Federal impulsarían un aumento de precios.
Es una buena apuesta para reformar las políticas del banco central, reduciendo los activos y poniendo fin a los excesos pasados de “flexibilización cuantitativa”.
Y aunque Warsh ha apoyado recientemente la reducción de las tasas de interés –en línea con Trump– es muy consciente de lo que hace subir los precios: “La inflación se produce cuando el gobierno gasta demasiado e imprime demasiado”. escribió en una columna del Wall Street Journal criticando al liderazgo actual de la Reserva Federal y elogiando las “políticas pro crecimiento” de Trump.
Punto clave: Warsh no adoptará políticas que considere perjudiciales para complacer a Trump.
Advierte contra “cualquier intento de influir inapropiadamente en la conducción de la política de la Reserva Federal”, y agrega que “la única popularidad que los banqueros centrales deberían buscar, si es que buscan alguna, es en los libros de historia”.
Al mismo tiempo, (con razón) no ve ninguna razón para proteger a los banqueros centrales de la responsabilidad por errores políticos, argumentando que no deben ser tratados como “príncipes mimados”.
La elección de Trump ya ha recibido elogios generalizados por su “temperamento juicioso” y “comprensión intelectual”.
Incluso el primer ministro canadiense, Mark Carney, que ha dirigido dos grandes bancos centrales y no es exactamente el mayor admirador de Trump, calificó la elección de “fantástica”.
Trump sabe que hay mucho en juego, especialmente a medida que se acercan las elecciones de mitad de período. La economía es, como siempre, una gran preocupación para los estadounidenses.
Recurrir a Warsh para que asuma este papel económico crítico parece ser una victoria segura para la agenda de Trump… y para el país.



