Su obituario de la astrofísica Carole Jordan (31 de marzo) describe una vida dedicada a realizar importantes descubrimientos sobre la compleja naturaleza del universo. Estos inspiradores descubrimientos no podrían haberse logrado enviando cohetes a la Luna, pero quizás el entusiasmo generado por estos últimos anime a más jóvenes a estudiar física y astrofísica. Ayudar a financiar estas áreas sería una manera maravillosa para que los multimillonarios se hicieran un nombre, y mucho más barato que enviar cohetes al espacio.
El obituario menciona que Carole fue “una tremenda defensora de las mujeres en la ciencia”. Fue ejemplar no sólo por sus logros científicos, sino también por haber quedado atrapada en la trampa del sistema de promoción ad hominem, sesgado por los hombres, de Oxford.
En la década de 1990, después de ser nombrada miembro de la Royal Society, no logró obtener un ascenso, lo que se sumó a la oleada de otras académicas que resultó en que el sistema de ascensos de Oxford se cambiara por uno más justo.
Gillian Morriss-Kay
Profesor emérito de Anatomía del Desarrollo, Universidad de Oxford



