Puede que sea uno de nuestros bocadillos favoritos, pero una tostada de queso podría ser perjudicial para la salud intestinal, según muestra una investigación.
Los científicos descubrieron que consumir queso cheddar sin procesar tenía un efecto positivo en el microbioma intestinal: la mezcla intestinal de bacterias y otros organismos que se cree controla todo, desde el estado de ánimo hasta nuestro sistema inmunológico.
El queso cheddar sólido aumentó la diversidad de estos insectos, manteniendo así el microbioma en buenas condiciones. Pero cuando el queso se derritió, la diversidad se redujo, perjudicando la salud intestinal.
Investigadores del University College Dublin querían medir el efecto del queso cheddar en este delicado equilibrio.
Siguieron a 69 voluntarios durante seis semanas. Algunos comían 120 g de queso sin procesar al día, mientras que otros consumían la misma cantidad, pero derretido.
Al final del experimento, los investigadores midieron los cambios en las bacterias intestinales de los participantes.
Descubrieron que el queso cheddar era bueno para el microbioma, pero cuando se derretía para hacer queso sobre una tostada, sus beneficios quedaban anulados en gran medida.
Según los científicos, calentar el queso duro daña su estructura, lo que dificulta que el cuerpo absorba los nutrientes beneficiosos.
El queso sobre una tostada es malo para la salud intestinal, según un estudio
En un informe publicado en Frontiers In Microbiology, los investigadores dijeron: “Cuando se derrite el queso cheddar, la densa matriz semisólida se altera y se convierte en una estructura más suelta.
“Esto puede explicar en parte por qué no vemos un aumento en la diversidad bacteriana en el queso procesado”.
Las encuestas muestran que el queso sobre pan tostado es el refrigerio favorito del país, y casi uno de cada cuatro lo nombra como su delicia favorita cuando tiene hambre.



