Rusia calificó oficialmente los crímenes nazis contra la población soviética durante la Segunda Guerra Mundial como genocidio y criminalizó su negación, después de que el presidente Vladimir Putin firmara enmiendas al código penal del país, anunció el Kremlin el jueves.
El término “genocidio del pueblo soviético” se ha utilizado cada vez más en Rusia en los últimos años. Las autoridades también propusieron transformar un museo cerrado dedicado al sistema Gulag de la era soviética en un museo dedicado a las víctimas de los crímenes nazis.
Moscú se ha opuesto a lo que describe como intentos de restar importancia al sufrimiento de los ciudadanos soviéticos durante la guerra y al papel de la Unión Soviética en la derrota de la Alemania nazi.
Los historiadores y los tribunales coinciden en gran medida en que la ocupación alemana de la Unión Soviética de 1941 a 1944 resultó en numerosos crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad. Se estima que sólo el asedio de Leningrado, hoy San Petersburgo, que duró casi 900 días, mató a alrededor de 1,1 millones de personas.
Sin embargo, en estudios históricos y jurídicos establecidos, el término genocidio se ha aplicado generalmente a elementos específicos de las políticas nazis, en particular el asesinato sistemático de judíos, sinti y romaníes.
La nueva clasificación rusa podría crear riesgos para investigadores, periodistas y otras personas que no respeten la línea oficial. Las sanciones incluyen multas de hasta tres años de ingresos o trabajo forzoso de hasta tres años.
Alcance extraterritorial
Según la ley, cualquiera que profane o dañe monumentos dedicados a las víctimas de la ocupación soviética será castigado con penas de prisión de hasta tres años.
Las autoridades afirman que esta disposición se aplicará tanto en Rusia como en el extranjero.
Esto podría afectar potencialmente a acciones como la eliminación de monumentos de guerra o cementerios soviéticos en otros países, incluida Alemania.
En Ucrania, los Estados bálticos y otras partes de Europa del Este, muchos de esos monumentos han sido desmantelados en los últimos años, donde el Ejército Rojo es visto a menudo no sólo como una fuerza liberadora sino también como una fuerza ocupante.



