Las conversaciones de paz en curso sobre Ucrania deben prestar mayor atención a las cuestiones humanitarias, afirmó el lunes en Berlín Oleksandra Matviitchuk, cuyo Centro para las Libertades Civiles recibió el Premio Nobel de la Paz 2022.
“No deberíamos centrarnos sólo en la geopolítica, deberíamos hablar de las personas afectadas por esta guerra”, afirmó Matviichuk.
El abogado de derechos humanos apoya la participación de la sociedad civil en las conversaciones en curso en Ginebra. “El formato de estas conversaciones de paz es tan estrecho que es muy difícil encontrar un camino hacia una paz duradera”, afirmó.
Las voces de las víctimas de los crímenes de guerra rusos han sido “excluidas”, afirmó Matviichuk.
Citó como ejemplos el secuestro hacia Rusia de 20.000 niños ucranianos, según sus estimaciones, y el maltrato de miles de soldados y civiles ucranianos en cautiverio ruso.
Matviichuk destacó la situación de millones de ucranianos en las zonas ocupadas por Rusia. “La ocupación rusa no se trata sólo de cambiar la bandera de un Estado por la de otro. La ocupación rusa significa desapariciones forzadas, torturas, violaciones, negación de la identidad, adopción forzada de los propios hijos… y fosas comunes”, afirmó.
Destacó que el plan de paz en discusión incluía el intercambio de todos los prisioneros y el regreso de los niños ucranianos, pero dijo que la información hecha pública hasta ahora carecía de detalles.
Matviichuk calificó de extrema preocupación el sentimiento de la población que atraviesa su cuarto invierno de guerra. “Rusia ya ha destruido la gran mayoría de la infraestructura energética, lo que ha colocado a millones de personas en Ucrania en situaciones que desaparecerán este invierno sin calefacción, sin electricidad, sin luz, sin agua”, afirmó.
Pero tampoco ve otra alternativa que continuar con la resistencia y dice que si Ucrania dejara de luchar, Rusia ocuparía el país. “Dejaremos de existir porque esta guerra tiene un carácter genocida”, afirmó Matviichuk.
El Centro para las Libertades Civiles, que ella dirige, recibió el Premio Nobel de la Paz 2022 junto con un activista bielorruso y una organización de derechos humanos rusa.



