Alrededor de 1970 yo actuaba en una producción de la opereta Princesa Ida de Gilbert y Sullivan con un grupo de aficionados en el centro de Londres. Nuestro director musical, Peter Shave, pudo invitar a estudiantes de música en ciernes a desempeñar los papeles más exigentes, en esta ocasión Felicity Lott en el papel principal.
A pesar de su relativa inexperiencia, su voz y sus modales eran acertados, y me gusta pensar que esto ayudó a persuadirla de que el trabajo en la ópera era un área en la que podía sobresalir.



