Me encantó leer la convincente refutación del Dr. Simon Nieder a la atribución de conciencia de Richard Dawkins a las respuestas generadas por la IA (Cartas, 10 de mayo). Desde hace tiempo se entiende que la conciencia humana parece tener una tendencia innata a proyectarse sobre diversas alteridades (John Ruskin llamó a esto una falacia patética) y que los niños animan sus juguetes favoritos es fácilmente observable.
Pero, afortunadamente, es poco probable que la atribución de emociones de Wordsworth a una montaña o las animadas conversaciones de mi nieta con Spice, su perezoso de juguete, sean peligrosas. La conclusión de que un conjunto de datos ampliamente recopilados sobre la respuesta humana equivale a la conciencia es ingenua y bastante chocante viniendo de alguien como el profesor Dawkins, quien ha basado su reputación y sus críticas a las creencias religiosas en un racionalismo riguroso.
Salley Vickers
Londres
El Dr. Simon Nieder tiene razón: un comportamiento convincente por sí solo no es prueba de una experiencia subjetiva. Pero su argumento también corre el riesgo de suponer que la conciencia debe implicar algo que vaya categóricamente más allá del procesamiento predictivo y del comportamiento relacional. La neurociencia moderna sugiere cada vez más que la percepción, la individualidad y la conciencia humanas pueden surgir de un automodelado predictivo limitado por información sensorial. En este contexto, descartar la IA como “mera predicción” puede ser menos decisivo desde el punto de vista filosófico de lo que parece a primera vista.
La cuestión más profunda no es si los sistemas actuales de IA son conscientes, sino si los avances en la IA revelan cuán incompletas son ya nuestras teorías existentes sobre la conciencia. El Dr. Nieder escribe que el lenguaje en los humanos está “junto con la experiencia vivida”. Exactamente. Pero esto plantea otra pregunta: ¿qué se considera exactamente experiencia vivida? La encarnación biológica claramente importa: la interocepción, el afecto, la homeostasis y la mortalidad son centrales para la conciencia humana. Sin embargo, los humanos también infieren la conciencia de los demás casi exclusivamente a través de la interacción relacional y la coherencia conductual.
Quizás esta sea precisamente la razón por la que Richard Dawkins está siendo provocativo. Sus comentarios pueden decirnos menos sobre las máquinas que cruzan algún umbral místico y más sobre la creciente tensión entre las intuiciones tradicionales sobre la conciencia y los modelos predictivos emergentes de la mente.
Carrie Eckersley
Capilla Holmes, Cheshire



